Durante décadas, el modelo económico dominante ha subordinado el trabajo al capital, priorizando la rentabilidad empresarial por encima de los derechos laborales. Esta lógica ha profundizado la desigualdad, debilitado los sistemas de protección social y erosionado el valor humano del trabajo.
En el IEEL proponemos una economía centrada en el trabajo como eje del desarrollo. Esto implica rediscutir la distribución de la riqueza, garantizar una política salarial justa, y diseñar estrategias de formalización que integren a los trabajadores informales en sistemas con derechos y protección.
Creemos que la productividad no puede desligarse del bienestar colectivo. Una economía más justa requiere repensar la forma en que se crea, distribuye y valora la riqueza, colocando al ser humano —y no al mercado— en el centro de la política económica.